miércoles, enero 25, 2006

** DOBLE VIDA

Tengo, mi querida inocencia, el vaivén de la utopía
mareando mis adentros.
y una loable doble vida de ostra por un lado
y de bullicio findeañero por el otro
Toda esa melange de rasgos ciclotómicos
embutida en un humilde cuero
de serpiente agazapada.
Sé que mis contradiciones
alteran al as de los siquiatras,
que mis espaldas, sin dudas,
irán a erosionar al diván mas mentado
y cuando todo se aclare
como se aclara el alba
solo seré objetido de estúpidas pedradas.
Todo lo que acontece me agrada y me desgarra,
me atosiga y me alivia, me agobia y me distiende.
Pero veo que es así
y no creo ser el culpable de estos desplantes
naturales en un imberbe.
Es que a esta doble vida de ermita y carnaval
la han tallado los muchos que se dicen austeros,
imparciales, severos, objetivos y justos,
mensajeros del bien, salvadores del pueblo.
Me atormenta pensar, mi querida inocencia,
que habrá de terminarse en el preciso instante
en que los genuflexos de galera y bastón
abandonen el séquito y se llamen a sosiego.
O sea cuando las vacas sepan surcar el cielo.

** EL TRISTE FINAL DEL PEON NARCISO IRIARTE

Se fue como llegó, por jornalero,
forzando decisón, rumiando broncas,
maltratando su orgullo, agachando la cresta,
esquivando el ardor de la derrota.

Ni un alma se acercó a roer su lástima
ni un perro ni un buchón de los que andan
oliendo la osamenta, mostrando sus heridas
detrás de quien del morbo hace su causa.

Nadie se percató de su virtual silencio.
Solo la cerrazón regó su entraña.
Nunca trepó a los muros que separan su mundo
de lo que un ser normal supone trampa.

Se arrinconó la luz obviando su morada
a metros del final, como en un prisma
que disgrega en retazos su efímera presencia
y en el cortante espectro halló la calma.

Ni las moscas zumbaron a su suerte vencida
como el réquiem cansino que obligado convoca
a elaborar el duelo, a cumplir el deseo
patético y final: tensar la horca.-

** EL CALMO

Nunca ha sido un virtuoso
Tebaldo de la Peña
en el difícil arte
de decir lo que piensa
Nunca labró una rima
ni lustró con franela
al inquieto exhabrupto
que descarta la ofensa
como norma de vida
Tebaldo de la Peña.

Su adultez lisa y llana
acató con frecuencia
tanta disparidad
entre hambre y opulencia
solo por no saber
demostrar entereza
aunque acabó gimiendo
como quien se flagela.
Entre largas mateadas
Tebaldo de la Peña

apiló frustraciones
solo por ser honesta
su esperanza de vida
tan lejos de las ciencias
que solo por la radio
y algún loro poeta
supo de su existencia
mas allá, monte afuera.
Siempre anduvo a los tumbos
como buena madera

herida en la jangada
de astillada corteza
sin reclamar siquiera
un lugar en la hacienda
para agitar en parte
su bronca de ginebra
Pobrecito, dijeron
los que armaron la rueda.
El patrón lo gorreó
y ni puteó siquiera.

Su amalgama de huesos
rodó por la catrera
y una pava bullendo
sobre la brasa incierta
se convirtió en testigo
de aquel corte de venas
asestándole un poco
de natural vergüenza
a su ignota existencia
Tebaldo de la Peña.-

** VOCACION DE BURGUES

Supe reirme con ganas, mi querida inocencia,
del burguesito virtual que se bebió de pronto
la sal de mi paciencia.
No espero su perdon ni siquiera el desvelo
por esa esrafalaria manía de creerse
un sólido magnate
a espaldas de este pueblo.
No espero su perdon, mi querida inocencia,
por matarme de risa con mis mejores armas
de sus investiduras, de su paso arrogante
y de esa voluntad que muestra con empeño
cada vez que se alista para emprender el viaje
hacia lo que vislumbra será solo el comienzo
de sus horas de gloria
en el limbo paterno.
Para que se haga fuerte en nombre del capricho,
funde sus intenciones en el crisol del hambre
previendo lo carnal en su pérfida agenda
cuando su cholulismo bucea en el desastre.
No espero ya el perdón del servil burguesito
cuyas cuestiones tácticas, mi querida inocencia,
asignan al pecado el rarísimo efecto
de compartir la mesa de sus dorados sueños
con las atribuladas loas
de algún paciente siervo.
Jerarca trasnochado entre sus nobles pares
de sinrazon altiva, de miles de aspavientos,
mientras la mezquindad siempre bien entendida
viste sus etiquetas ante el obrero hambriento.
Me río sin miramientos, mas no exijo perdones
me río de su existencia de corte avasallante
y de su voluntad que a tientas deja márgen
para que mi impotencia
insista en ser amable.-

** MARIA GREGORIA SANCHEZ

Paredes de bolseado color ocre.
Puertas verdes, bien altas,
ruidosas y pesadas.
Nadie que reconozca alguna de sus salas
habrá de cuestionarse su orígen nada santo,
tampoco endemoniado.
Orígen, nada mas, simpático y osado.
Pervertida razón para ganar el mango.

Por entre el enrejado de toscas pinceladas
en las noches de luna de un verano sin mares
ni recursos mundanos
va tejiendo su trama de placer exaltado María Gregoria Sanchez:
una hija de un año.

Del gallo hasta un ocaso de tibia resolana
solamente entendible detrás de las persianas
el juez, el intendente, el edecán de turno
y hasta el médico obeso y un croto de la plaza
le invadieron la cama.
Casi a regañadientes dejaron sus migajas.

Allá está, resoplando.
Una tarde difícil de valores cambiados.
Soledad de mateada con cierto gusto a bronca.
La visita indeseable, el goce tan fraguado,
amoríos que duran lo que burbuja loca
en medio de un tornado.

Y, cruzando la calle,
el pueblo en el estrado blandiendo cuanta piedra
se presente a su paso.
Solo la hipocresía les calienta las sienes
aunque ella se revuelque jurando y perjurando
que quien mas o quien menos
por su casa ha pasado.

María Gregoria Sánchez: una hija de un año.

** MI SUEÑO

A veces, mi querida inocencia,
me incomodan las ansias
por gritarle a este mundo de cuencas resecas
cómo tengo un tibio sueño
enclaustrado en arcón imaginario
donde hibernan mis bríos de loco adolescente,
sueño fecundado en el crepúsculo
de un domingo totñal
regado con las lágrimas
de una canción vacía
e irremediablemente àpasionado y mudo
como solo en los sueños se suceden las citas:
eclécticas, rebuscadas, amorfas
y con esa enorme carga de irrealidad
distintiva de lo onírico.
Es un sueño distinto.
Se prende como abrojo a mis secas entrañas
abriendo todo rastro de natural conciencia,
adormeciendo mi modo de sentir la fuerza
que vulnera lo incierto.
Tengo un sueño distinto, mi querida inocencia,
un pequeño deseo ya preso en el recuerdo
de mis primeros golpes,
y aunque apacible y grato
se esparce y se arrincona
como tenue hojarasca en la ventisca helada
para bien de mi espíritu,
para un formal retorno al culto de lo honesto
se deshojan sus alas.
Tengo un sueño encerrado
en el arcón imaginario
donde hibernan mis bríos de loco adolescente,
compañera de lecho,
altiva centinela de mis noches de azares,
escudera y amiga,
razón de mis desvelos,
por cómplice y amante, por dueña del secreto,
por ser llanto de risa
usted tiene la llave.

martes, enero 24, 2006

** LA VERGÜENZA


Adonde fueron a morir
mis placeres frustrados.
Dónde se cuecen las tísicas habas
de lo simple, de lo llano.
Donde habrá de agolparse
el alud de mis principios
antes de adormecerse para ser ellos mismos
latente y hegemónica fuerza
ciega a la luz del día.
Adonde fueron a gritar mis gritos?
Cerca de qué mansedumbre
regurgitaron calma?
En el vientre de que madurez
esperan ese parto
tan breve y solitario
que los vuelva a la luz
para ser escuderos
en la dura labor
de anular la sordera
del hato de alimañas
que me ronda la vida.
Adonde fue a encallar
aquella triste barca
de sueños lacerados
pero nunca vencidos.
Qué corriente arrastró
sus vitales designios,
cerca de qué arrecifes
zozobraron sus fuerzas
para ser navegantes
del mar de la vergüenza
donde pudren sus cargas
los galeones hundidos.-

** EN DEFENSA DEL JUSTO

Defenderás al justo
cuando las utopías
carcoman hasta el centro
de tus huesos mas duros.
Cuando de hablar se trate
lamiendo lo profundo
de una causa tan dulce
tan claramente simple
y vieja como el mundo.
El canto de sirenas
profesará su culto
entre las oquedades
de cerebros enjutos
sin mas gloria encubierta
que el valor de sus puños
diestros an amasar
agonías y lutos,
odiosos testaferros
de un corazón sin pulso
que habrá de consumirse
en un crisol oscuro.
Porque ante el mismo diablo
defenderás al justo.

** MIL y UNA FRUSTRACIONES

Debiera saber un poco más
de mi vértigo
o de ese raro instinto
que asola, vaya usted a saber
cuál de todos mis torrentes internos,
como si bulleran de a uno
entre la permanencia de los logros postergados.
Tal vez allí pernocte la razón
como engarzada en una latencia póstuma
y saque brillo a tantos disfraces de ocasión
como vidas anteriores sepa recrear.
Debiera aclimatarme algunas veces
a esta insípida muestra de placer frustrado
e invocar lentamente, casi sin intentarlo,
aquellos tiernos desvaríos
de mi cuasi adolescencia
rebosante de histriónicos y fraguados desvelos.
Debiera de asumir
aunque tan solo fuera para salir del paso
que nadie que se precie de morir recordando
ha de poder sentarse en un rincón de privilegio
solo por ser innata su predisposición a las lágrimas
ante lo inevitable del serpenteo del tiempo.

** DUDAS

Cómo saber, mi querida inocencia,
si el Mío Cid fue un caballero errante,
un estratega,
un buen guerrero,
o algún apasionado delirante
que a rigor de ser cierto
fuera cuerdo.

Será clara la idea
de que existió el Big Bang
tantísimo antes
de que el cavernícola
que había en cada Cromagnon
vagara con su lanza
pesada y desprolija
entre las oquedades desiertas?

Cómo he de encontrar veracidad
en lo que dicen
fue el Circo Romano
por ejemplo
o el extraño destino
que tuvo Kaspar Hauser
y su entorno secreto?

O si existieron Hamlet,
Amenofis,
Ulises,
Sandokan o Cisneros,
y quién de puño y letra
desangró para siempre
la soberana duda
sobre los manuscritos vivos
del lejano Mar Muerto?

Cómo saber, mi querida inocencia,
lo que ocurrió deveras
desde que el mundo era
una argamasa ígnea
de gases envolventes
girando por el cielo en rara elípsis
parsimoniosa,
lenta.

Si ni siquiera sé
de la frontera
entre lo agnóstico y lo religioso
entre lo bueno y lo execrable
entre lo elemental
y lo complejo.

Si ni siquiera sé
quien me gobierna

miércoles, enero 18, 2006

** LOS CAGATINTAS DEL PUEBLO

Estas líneas, mi querido cuaderno, están dedicadas a don Anselmo Pietrofocchi y su mujer Amanda: pequeños terratenientes locales y activos miembros de la Sociedad de Beneficencia, de dos o tres Cooperadoras y miembros también de una logia con apellido inglés cuya función no se sabe muy bien cual es ni tampoco que requisitos hay que cumplir para ser aceptados en ella. Grandes benefactores, los Pietrofocchi, pero cuando se les cruza un chico de los mal llamados "barrios bajos" optan por cruzarse ellos tambien pero de vereda, además de mascullar no sé que cosas referidas al color de la piel de este último.

Habría que verlos
mostrando su prosapia
que se remonta a algún lejano barco.
Su relación de estiércol
con el vulgo
no es para nada casual,
mas bien es de asco.

Habría que ver
su napia resingada.
Su ilustre amor
por placas y por lustres,
si larga data en sindromes morales
aunque con la moral y el bien
asean sus tujes.

Mírelos desfilar
mostrando su elegancia
a las diez de un domingo,
revoloteando el atrio
deseosos de plasmar
pingüe arrepentimiento
pura formalidad
para coimear al santo.

Allí van
como loros, cuestionando
lo que su pontificio saber
pinta de negro
no por iluminados, señor,
son solo cerdos
que encubren el hedor
rezando salmos.

De igual sentir
sus vástagos encaran
aquella triste experiencia que acometen:
que "mastienes", "masvales",
algo fuerte
entre la sociedad virtual
que los contiene.

Cagatintas, cholulos,
socarrones,
perfectos adulones
de la diosa "Hectárea".
No hacen mas que plagiar
aspiraciones
y aglutinar cual cófrades
sus mañas.

Los aires de progreso
que proclaman
se contrastan de plano
con el resto
de sus cien mil cinturas
reaccionarias
que apestan la cultura
de mi pueblo.