** EL TRISTE FINAL DEL PEON NARCISO IRIARTE
Se fue como llegó, por jornalero,
forzando decisón, rumiando broncas,
maltratando su orgullo, agachando la cresta,
esquivando el ardor de la derrota.
Ni un alma se acercó a roer su lástima
ni un perro ni un buchón de los que andan
oliendo la osamenta, mostrando sus heridas
detrás de quien del morbo hace su causa.
Nadie se percató de su virtual silencio.

Solo la cerrazón regó su entraña.
Nunca trepó a los muros que separan su mundo
de lo que un ser normal supone trampa.
Se arrinconó la luz obviando su morada
a metros del final, como en un prisma
que disgrega en retazos su efímera presencia
y en el cortante espectro halló la calma.
Ni las moscas zumbaron a su suerte vencida
como el réquiem cansino que obligado convoca
a elaborar el duelo, a cumplir el deseo
patético y final: tensar la horca.-

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