EL DOS DE ORO (un tango, ya que estamos...)
(suerte de tanguito a la memoria de mi tio Ñacu, que alguna vez supo ser cantor de Fresedo)
Lo conocio a Fresedo
antes que a Cristo
y su perseverancia logró
lo que algun sabio
hubiese bautizado disparate.
Cantor de los de antes,
laburante,
reo entre los mas reos
y sicario
de aquel caparazón
de dinosaurio
que son los adoquines
de la calle.
Maestro en una escuela
cuyo ejemplo
aligeró el concepto
de atorrante
con que hasta el
argentino mas sectario
se hubiese confesado
tolerante.
La musa inspiradora
de su vida
supo de la virtud
de estar volviendo
despues del mas ingrato
desenfreno
de "setenta y la sota"
mas el vuelto.

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