** EL CACHO

Como la viva imagen
de un rosarino chanta
se regodeaba el Cacho
entre parentesis
de rubia,
sabrosa,
apetecible
jarra de níquel
y cerveza fria.
Con los codos haciendo
sendos pozos
en el estaño desabrido
del mostrador barato
aspiraba un lento
cigarrillo negro
y enturbiaba aun mas
sin proponerlo
la integridad viciada
del agobiante antro.
Rodaba por las rutas
en su anejo Mercedes
nuevamente.
Volvió a estar en la armada
y revivio de un golpe
su exitoso periplo
por el cercano oriente.
Siguio siendo aquel hombre
de aquel faro
de aquella bahia extraña
de nombre aglutinante
que al amparo de un atlas
sin pizca de inocencia
resultó inexistente
a pesar del capricho
de pretenderla cierta.
Y trepó al Aconcagua
pleno de soledades,
y con su compañero
que una vez llamó Pedro
otras Juan o Santiago
atraveso La Mancha
tan solo por saber
lo que sintió
el hidalgo.
Unas veces
poeta
enamorado a mares
de una condesa
húngara,
bañero en Cadaqués,
navegante en Barbados,
supo ser astronauta
y artesano
en El Rastro.
Como la viva imagen
de un rosarino chanta
se regodeaba el Cacho
entre paréntesis
de rubias,
sabrosas,
apetecibles
coristas del Follies
(y alguna que otra verdad a medias).
Amén

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