miércoles, diciembre 21, 2005

** AY, PATRIA MÍA


La cara desdentada, el grito mágico
y el sol de mazapán
a modo de pequeña horma dorada
parecen ser sus rasgos distintivos
cuando la decadencia
absorbe lo posible
evidenciando un enjambre colectivo
que circula sin ganas.
La figura descarnada y vieja
se hace gigante
y en cada rincón que pide calma
un bostezo adormece sutilmente
sus músculos y fuerzas trasnochadas
ejecutando el gutural silbido
al margen de la música
muy cerca de la nada.
Tormento a quemarropa
alicaído espejismo de lo que fue
perdiéndose de a poco.
Tras los muros silentes de un poema
refugiado en las sombras
el jubilo insondable de la causa
alimenta en el festín su trama:
aglutinante, a veces descentrada
nutriéndose del néctar maloliente
de sus copas volcadas.