** AL QUE LE QUEPA EL SAYO, QUE SE LO PONGA

Casi siempre cae el agua
de a sorbitos
sobre mi pueblo chico,
pueblo hermoso, pueblo de calles anchas,
pueblo bien conformado,
pueblo de aspiraciones
algo mas complejas
que esperar del cielo
la gota salvadora
de una buena cosecha.
Pueblo de ideas cercadas
por la obsecuencia cómplice
enroscada al abdomen
de un cierto clan malsano.
De acantonadas crestas
erguidas en el llano
de una hipócrita gesta
de señoritos blancos.
De esa infamia instalada
en torno del deseo
de una legión de pobres
que mira ensimismada
los siniestros albores
de un carnaval de trampas.
De la gloria obsoleta
de un patriarca taimado
que vomitó su clase
en el centro del charco
donde niegan pisar
sus servidores cautos.
No existe mas romance
entre el tul de su fronda
que el cínico realismo,
aquel que solo borra
lo que se desmorona
en forma de cascada
sobre el otoño ingrato
de sus barriadas toscas.
Casi siempre cae el agua
en mi pueblo dormido,
quien de pronto exagera
al proteger sus símbolos,
igual que alguna gente
que usurpa sus dominios
y del mundo en tinieblas
ya se siente el ombligo.
Pero a decir verdad
el formal pueblo chico
íntimamente sabe
de mi secreto a voces
prudencialmente amorfo
naturalmente díscolo
porque a riesgo de andar
con tontos servilismos
mi devoción por él,
por su áurea y sus caprichos
se orienta al mas gentil
y humano fanatismo.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home