A veces, mi querida inocencia,
me incomodan las ansias
por gritarle a este mundo de cuencas resecas
cómo tengo un tibio sueño
enclaustrado en arcón imaginario
donde hibernan mis bríos de loco adolescente,
sueño fecundado en el crepúsculo
de un domingo totñal
regado con las lágrimas
de una canción vacía
e irremediablemente àpasionado y mudo
como solo en los sueños se suceden las citas:
eclécticas, rebuscadas, amorfas
y con esa enorme carga de irrealidad
distintiva de lo onírico.
Es un sueño distinto.
Se prende como abrojo a mis secas entrañas
abriendo todo rastro de natural conciencia,
adormeciendo mi modo de sentir la fuerza
que vulnera lo incierto.
Tengo un sueño distinto, mi querida inocencia,
un pequeño deseo ya preso en el recuerdo
de mis primeros golpes,
y aunque apacible y grato
se esparce y se arrincona
como tenue hojarasca en la ventisca helada
para bien de mi espíritu,
para un formal retorno al culto de lo honesto
se deshojan sus alas.
Tengo un sueño encerrado
en el arcón imaginario
donde hibernan mis bríos de loco adolescente,
compañera de lecho,
altiva centinela de mis noches de azares,
escudera y amiga,
razón de mis desvelos,
por cómplice y amante, por dueña del secreto,
por ser llanto de risa
usted tiene la llave.